marzo 17, 2016

Guerra de patentes: ADN

El sistema CRISPR-Cas9, bautizado por Jennifer Doudna como el “bisturí molecular” para editar el genoma, ha revolucionado por completo la investigación. Estas herramientas permiten modificar el ADN de una forma más precisa y eficaz. Su hallazgo fue todo un hito en biología, por el que sus descubridoras -la propia Doudna y Emmanuelle Charpentier– fueron galardonadas con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica el pasado año.

La importancia de CRISPR es de tal envergadura que la técnica llegó incluso a sonar para el Premio Nobel. Aunque no lo consiguió, esta tecnología genética ha mostrado ya su eficacia para frenar una enfermedad rara en modelos animales. Pero estas peculiares “tijeras moleculares” no están exentas de polémica. CRISPR vive ahora inmersa en una auténtica guerra de patentes, que ensombrece su potencial y, sobre todo, retrasa sus hipotéticas aplicaciones. Esta es la crónica de una batalla legal y científica entre la Universidad de California y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Una pelea jurídica en la que está en juego un mercado estimado en más de 46.000 millones de dólares.

El origen: la mina de oro biotecnológica

Corría el año 1974. Un grupo de científicos de Estados Unidos, liderado por Paul Berg, solicitó una moratoria para aplicar una tecnología destinada a revolucionar el mundo. La técnica del ADN recombinante, que posteriormente provocó el impulso de la ingeniería genética y de la biotecnología, presentaba importantes implicaciones bioéticas, según los investigadores.

La tecnología del ADN recombinante provocó un considerable debate ético y social, pero también demostró la rentabilidad de la biotecnología

 

 

Tres artículos científicos publicados entre octubre de 1972 y noviembre de 1973 habían hecho estallar la polémica. En primer lugar, David A. Jackson, Robert H. Symons y Paul Berg habían logrado introducir nuevas piezas de ADN en el genoma del virus SV40. Posteriormente, Stanley Cohen y Annie Chang habían conseguido que una pieza de ADN recombinante de la bacteria Escherichia coli se “autofotocopiara” por sí misma. El último trabajo, de Stanley Cohen, Annie Chang, Herbert Boyer y Robert Helling, permitió construir plásmidos bacterianos in vitro. ¿El resultado? La comunidad científica era capaz por primera vez de “cortar y pegar” ADN, una posibilidad que anticipaba la modificación genética de organismos vivos.

Tras la publicación de estos tres artículos, el debate sobre las implicaciones éticas y sociales se disparó. Fueron los propios científicos, liderados por Paul Berg, los que propusieron la organización de la conferencia de Asilomar, un encuentro en el que se analizaron las aplicaciones de la tecnología del ADN recombinante. Pero existía una importante repercusión económica subyacente a aquella discusión.

Fuente

Laser para las neuronas

Mediante el uso de la optogenética, un equipo de científicos de la Universidad de Yale y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha recuperado recuerdos olvidados del cerebro de ratones modificados genéticamente para mostrar signos de Alzheimer. El hallazgo se ha publicado en la revistaNature y ofrece nuevas pistas sobre cómo el cerebro almacena recuerdos y qué puede afectar a ese proceso.

Para recuperar un recuerdo perdido, el primer paso es señalarlo: el neurólogo del MIT, Susumu Tonegawa, desarrolló un sistema que identifica las células nerviosas específicas que almacenan un recuerdo (en este caso, una asociación entre una jaula particular y un shock eléctrico). El siguiente paso era activar estas células. Para ello se utilizó un “vehículo” que en su interior llevaba un gen que afectaba a una proteína, con la que los investalzheimer-RATONigadores podían controlar estas neuronas.

El “truco genético” se activa en respuesta a la luz azul de un láser. Una vez conseguidos estos objetivos, restaba probarlo.

Dos grupos de ratones, uno con genes asociados al Alzheimer y otro sanos, recibieron un choque eléctrico en una jaula. A día siguiente, el primer grupo fue colocado en la jaula y no mostraba signos de recordar la mala experiencia, algo que sí sucedía con el segundo grupo.  Pero cuando los investigadores utilizaron la luz para restaurar la memoria del shock eléctrico, los ratones se quedaban quietos y aterrados reviviendo la experiencia.
El resultado “proporciona un mecanismo teórico para revivir recuerdos olvidados – explica Arash Salardini, de la Universidad de Yale –. La manipulación de la memoria, como la recuperación de recuerdos o la creación de otros falsos, eran parte de la ciencia ficción. Pero esta investigación y otras recientes demuestran que es posible”.

FUENTE: QUO

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